Año Jubilar: Venezuela celebra el IV Encuentro Nacional de la Familia de la Encarnación
IV Encuentro Nacional de la Familia de la Encarnación en Venezuela
Valle de la Pascua, del 1 al 3 de mayo de 2026
Por: Joanna González (Laico de la fraternidad de la Encarnación)

51 hermanos de la Familia se dieron cita en el encuentro.
Hay encuentros que se planean con agenda, y encuentros que simplemente los convoca el Espíritu. Este IV Encuentro Nacional en Venezuela fue de los segundos. Cuando las fraternidades de Caracas, Tanaguarena y Valle de la Pascua nos reunimos para celebrar el Jubileo de 20 años de la Familia de la Encarnación en el mundo, con los padres FMI y la valiosa presencia de Mons. Ubaldo Santana fmi, no simplemente fue un evento más, nos reconocimos como lo que siempre hemos sido: un solo árbol de tres ramas, alimentado por la misma savia del Verbo hecho carne.
El logo que nos acompañó fue: un árbol, tres ramas, una paloma posándose desde el cielo. Pero más allá de los símbolos, lo que esa imagen nos fue diciendo al corazón, sencillo y profundamente es que no estamos solos. Aunque la distancia geográfica nos separe, cada comunidad vive sus propias luchas y alegrías, el Espíritu sigue siendo el vínculo que nos mantiene siendo uno.

El logo del encuentro diseñado por el padre Gilberto Párica fmi
Durante el encuentro, nos sentamos como hermanos y no como extraños que comparten un techo por unos días, sino como esa familia que ha aprendido que la fe es lo principal. Por eso, en las entrevistas con los hermanos, nos hicimos una pregunta que parece sencilla pero que puede cambiarlo todo: “¿Hoy dónde encontraste al Verbo encarnado?”.
No buscamos respuestas teóricas, sino ese gesto pequeño del vecino que no nos dejó caer, esa luz inesperada en medio del caos venezolano, esa presencia callada del hermano que supo escuchar sin juzgar. Porque como hemos aprendido con el Papa Francisco, el Espíritu no habla solo en los libros, sino en la conversación viva de quienes caminan juntos.

Mons. Ubaldo Santana fmi, dando apertura al encuentro.
Tomamos como guía a los primeros cristianos no estaban en una situación cómoda. Había diferencias profundas, culturas que chocaban, preguntas sin respuestas fáciles. Pero no huyeron. Se reunieron, invocaron al Espíritu, escucharon en silencio y, finalmente, discernieron. Nosotros quisimos hacer lo mismo, no imponer nuestras ideas, sino dejarnos sorprender por lo que Dios quiere para cada uno, de los que conformamos la fraternidad en Venezuela.
Hubo momentos de silencio. Porque sin silencio no hay escucha profunda. Y sin escucha, cualquier consejo se convierte en ruido. Cada uno pudo compartir cómo se sentía realmente, sin interrupciones. Y nos preguntamos: ¿qué pasa en la vida de mi hermano que también resuena en la mía? No se trató de dar respuestas apresuradas, sino de acompañarnos a discernir.
Venezuela nos ha moldeado el alma con sus contrastes. Por eso, el encuentro miró de frente tres realidades que nos atraviesan:
Los retos que nos duelen, aquellas circunstancias que parecen querer apagar la esperanza. Los desafíos que nos interpelan desde dentro, la tentación de abandonar la fraternidad cuando incomoda, la crítica que hiere en lugar de construir, la indiferencia que se disfraza de cansancio. Y nuestra experiencia de fe, que no es una fe de museo, sino una fe encarnada, sudada, vivida en el día a día, partiendo de que “Lo que no se asume, no se redime”.

Hermanos de La Guaira presentan los bailes tradicionales de la costa venezolana al ritmo del tambor y la alegria que caracteriza a su equipo de Basseball estadal "Los Tiburones de la Guaira"
Al final de esos tres días, no nos llevamos un acta ni un documento lleno de conclusiones bonitas. Nos llevamos, si el Espíritu nos ayudó, un corazón más dispuesto a la unidad. Porque no se nos pide simplemente ser unidos (algo que a veces puede ser solo cortesía), sino ser uno, uno a pesar del mal humor, uno a pesar del cansancio, uno a pesar de la distancia que tantas veces nos separa.

Los hermanos de Valle de la Pascua presentaron el baile de "joropo" musica tradicional de los llanos venezolanos. Los acompañó el padre Maurice Tampangou (misionero togolés en Venezuela) quien pasó muchas semanas practicando el baile para este encuentro.
Nos comprometimos a buscarnos donde hay división. A levantarnos una y otra vez. A mirar con ternura al hermano más frágil, no como un problema, sino como un lugar santo donde Cristo vuelve a encarnarse.
Queremos detenernos aquí, porque hay algo que no podemos dejar en el silencio. Todo lo vivido estos tres días no habría sido posible sin el corazón generoso de la Fraternidad de Valle de la Pascua. Ellos nos recibieron no con los brazos cruzados, sino con los brazos abiertos y las manos ocupadas. Prepararon cada espacio, pensaron en cada detalle, nos hicieron sentir en casa, aunque estábamos lejos de la nuestra. Nos compartieron su techo, su mesa, su tiempo y, sobre todo, su calor humano, ese calor que no solo viene del sol del llano, sino del alma.

Los sacerdotes FMI de Venezuela.
Detrás de cada comida caliente, de cada sonrisa cansada pero sincera, de cada "duerme tranquilo, aquí estás entre hermanos", había días de trabajo silencioso, de entrega sin aplausos, de amor fraterno hecho carne. Ellos nos enseñaron que la encarnación no es una idea bonita, es recibir al otro como se recibe a Cristo, con lo que se tiene, no con lo que sobra.
Gracias, queridos hermanos de Valle de la Pascua. Gracias porque sin ustedes este encuentro no habría sido lo que fue. Gracias por recordarnos que la fraternidad no se declara, se demuestra. Que Dios los bendiga y los multiplique, como multiplicaron el pan y la esperanza entre nosotros.

Visita al Santuario diocesano de San José Gregorio Hernández, primer santo venezolano, reconocido como el médico de los pobres.